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Rodrigo Díaz de Vivar: El Cid Campeador

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Rodrigo Díaz de Vivar fue un caballero castellano del siglo XI al que la leyenda convirtió en el héroe más destacado de la Reconquista. Vivió durante los reinados de Fernando I de León y Castilla, Sancho II de Castilla y Alfonso VI de León y Castilla. En el curso de sus campañas militares llegó a establecer un sólido protectorado en los reinos de Zaragoza y Valencia, plaza que mantuvo, hasta su muerte.

Infancia y educación

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, nació en Vivar alrededor del año 1043. Sus padres eran un infanzón y una dama de la alta nobleza castellana, y fue educado junto al primogénito del rey Fernando I de Castilla y León, el infante Sancho. Éste, al cabo de los años lo armó caballero y compartió con él la primera de sus expediciones militares, en la que acudió en auxilio del tributario rey moro de Zaragoza, Muqtadir. Ese mismo año, 1063, murió Fernando I y repartió su reino entre sus tres hijos varones: Sancho, Alfonso y García. Al primero le cedió Castilla y el reino moro de Zaragoza; al segundo, el reino imperial de León, y al tercero, el de Galicia, Portugal y los reinos tributarios de Sevilla y Badajoz.

Nombramiento de Rodrigo Díaz de Vivar

Sancho II, nuevo rey de Castilla, nombró a Rodrigo Díaz alférez o portaestandarte, y éste, en calidad de tal, dirigió las múltiples guerras castellanas durante toda la vida del monarca. Desempeñando este cargo, Rodrigo participó en un combate singular con el caballero navarro Jimeno Garcés. La victoria de Rodrigo, que a la sazón contaba con veintitrés años, le valió a Castilla la propiedad de varios castillos fronterizos, entre ellos los de los montes de Oca y Pazuengos, y a él el apelativo de Campidoctor o Campeador, ‘vencedor de batallas’, con el que ha pasado a la posteridad. Al año siguiente, 1067, al vencer al rey moro Muqtadir, la crónica hebrea de José ben Zaddic de Arévalo, lo llamó «Cidi Ru Díaz». En hebreo «Cidi» equivale a ‘mío Cid’, es decir ‘mi señor’, expresión con la que lo nombraron desde entonces sus vasallos de frontera.
Debido a su cargo, el Cid debió intervenir directamente en la lucha por el poder desatada apenas murió Fernando entre sus hijos. Según distintos documentos históricos y algunos romances, tuvo una participación decisiva al lado de Sancho el Fuerte en las batallas de Llantada, el 19 de julio de 1068, y Golpejera, contra Alfonso, que determinaron el destierro de éste a la corte del rey moro de Toledo, Mamún.

Muerte de sancho

Sancho fue coronado rey de León el 12 de enero de 1072, aunque no todos los nobles leoneses lo reconocieron como tal. Mientras tanto, la hija de Fernando, doña Urraca, apoyada por partidarios de su hermano Alfonso, organizó una rebelión en Zamora, que obligó al rey de Castilla y León a poner sitio a la ciudad. Durante el asedio, el domingo 7 de octubre, Vellido Adolfo penetró en el campamento real y asesinó a Sancho. Ante el magnicidio, muchos caballeros se dispersaron, pero el Cid, al frente de un grupo de fieles vasallos, acompañó el cadáver de su rey hasta el monasterio de Oña.
La muerte de Sancho II resultó desde un principio sospechosa a sus súbditos, entre ellos el Cid, quien, sabiendo de los amores incestuosos entre doña Urraca y Alfonso, pudo creer que se trataba de una intriga para restaurar a este último en el trono. Por este motivo, el Cid, actuando como alférez fue el encargado de tomar juramento de expurgación a Alfonso VI antes de reconocerle vasallaje, según contemplaba el Fuero Juzgo. Este episodio se conoce como «jura de Santa Gadea», después del cual Rodrigo Díaz de Vivar: El Cid Campeador pasó a integrar la corte de Alfonso, mientras que Pedro Ansúrez, conde de Carrión, y los Beni Gómez ocuparon los puestos principales en el gobierno del nuevo monarca.
jura de santa gadea

Matrimonio y nombramientos del cid

Alfonso se propuso una política de acercamiento entre castellanos y leoneses. A tal efecto dispuso la boda de Rodrigo Díaz con Jimeña Díaz, prima suya y bisnieta de Alfonso V de León. Dicho matrimonio se celebró, según las cartas de arras que el Cid dio a Jimena, el 19 de julio de 1074. Durante la Cuaresma del año siguiente, el monarca fue en peregrinación a Oviedo y despachó algunos pleitos, para los cuales nombró juez a Rodrigo, quien demostró tener un profundo conocimiento de las leyes, en especial del Fuero Juzgo. Alfonso lo envió a fines de 1079 a cobrar las parias o tributos de Al-Mutamid, rey de Sevilla. Por las mismas fechas, el conde García Ordóñez, poderoso magnate castellano, decidió participar en las rencillas entre Al-Mutamid y el rey de Granada, Abd Allah. A tal fin penetró en territorio de Sevilla para hostilizar a aquél. Ante la situación, el Cid salió en defensa de Al-Mutamid y derrotó al rey de Granada y a García Ordóñez en la batalla de Cabra.
Es posible que este hecho de armas, los regalos de agradecimiento que recibió el Cid de Al-Mutamid y una posterior incursión del caballero castellano en Toledo, por tierras aledañas al castillo de Gormaz, justificaran las acusaciones que causaron en 1081 el destierro del Cid, pena propia de los infanzones y ricos-hombres, que se acompañaba con la confiscación de todos sus bienes.

Destierro del Cid Campeador

Acompañado de su mesnada, el Campeador se dirigió primero a San Pedro de Cardeña, donde se hallaba refugiada doña Jimena con sus tres hijos pequeños, y posteriormente a Barcelona. Aquí ofreció sus servicios al conde Berenguer Ramón II, llamado el Fratricida por haber asesinado a su hermano Ramón. La falta de acuerdo entre el conde de Barcelona y el Cid se debió, al parecer, a una imposición de Berenguer Ramón que lo pondría ante la eventualidad de luchar contra Alfonso VI, a quien siempre reconoció como su señor. Pasó entonces a Zaragoza y se puso al servicio del rey Muqtadir, quien murió poco tiempo después, dividiendo el reino entre sus dos hijos. Al mayor, Yusuf Mu‘tamin, le dejó el reino de Zaragoza, protegido por Rodrigo y su mesnada castellana, y al menor, Mundir al-Hayib, le entregó Lérida, Tortosa y Denia, apoyado por Berenguer Ramón de Barcelona y Sancho Ramírez de Aragón. El Cid, que recibía una importante paga por sus servicios militares, no entró en lucha contra Alfonso. Antes bien, trató de apoyarlo en el incidente de Rueda, en 1083, donde el rey fue victima de una traición, y más tarde, en 1085 y 1086, cuando el monarca castellano atacó Zaragoza. En cambio, no dudó en entrar en combate cuando Mundir y sus protectores se coaligaron. En la batalla de Almenar los derrotó y tomó prisionero al mismo Berenguer. Siguiendo instrucciones de su protegido, restauró el castillo de Olocau para neutralizar la fortaleza de Morelia, y el 14 de agosto de 1084 derrotó a Sancho Ramírez de Aragón.

Reconciliación con rey Alfonso

Después de la derrota sufrida el 23 de octubre de 1086 en los campos de Sagrajas, Alfonso VI reconoció algunos errores políticos, los cuales habían motivado la invasión de los almorávides de Yusuf, al que los reyes moros reconocieron como el «emir de los muslimes». Esta situación lo movió a reconciliarse con Rodrigo en la primavera de 1087.
El encuentro tuvo lugar en Toledo. En dicha ocasión el Cid, siguiendo un viejísimo rito de sumisión, tomó hierba entre los dientes y se hincó ante Alfonso VI. Éste, por su parte, le hizo importantes concesiones en castillos, tierras y pueblos, así como de todos los territorios que pudiese conquistar en Levante, para él y sus descendientes. Rodrigo Díaz se transformó en uno de los principales aspirantes al reino de Valencia.

Campaña en levante y nuevo destierro

En un primer momento, el Cid fue requerido por todos aquellos que pretendían la ciudad levantina, pero al final pactó con su rey, Al-Qadir, y le dio su protección, disuadiendo a Musta‘in II, Berenguer y al rey de Lérida.
La campaña del Cid en Levante logró someter a vasallaje a numerosos reyes moros, pero la situación entró en crisis cuando Alfonso VI, a raíz de un desencuentro con Rodrigo durante la campaña de AJedo, lo desterró nuevamente. Bajo la acusación de conspirar contra la vida del monarca, Alfonso despojó al
Cid de todos sus bienes, mandó a prisión a Jimena y sus tres hijos y lo expulsó de sus dominios. Rodrigo reaccionó enviando en su descargo cuatro formas distintas de juramento de exculpación, lo que ponía de manifiesto sus conocimientos en materia jurídica, pero no logró resultado alguno, salvo la libertad de su esposa y de sus hijos. Este momento fue aprovechado por sus enemigos cristianos y moros para atacarle, pero él respondió consolidando sus fortalezas en Levante.

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Rodrigo Díaz de Vivar: El Cid Campeador

El cid expande el reino

A principios de 1090, derrotó primero a Mundir en tierras de Denia y arrasó desde Orihuela hasta Játiva; en abril alcanzó la paz con el rey de Lérida. Como consecuencia de ella, Al-Qa-dir volvió a pagarle las parias y restableció su amistad, mientras que Berenguer procuró una alianza con Musta’in de Zaragoza, en la que procuró en vano comprometer a Alfonso. En Tevar, en mayo de 1090, hizo un nuevo alarde de valor y capacidad estratégica al derrotar a Berenguer y su numeroso ejército. La victoria le proporcionó un valioso botín, entre el que se encontraba la espada Colada, que usaría en adelante. Berenguer y el noble catalán Giraldo Alemán, que habían sido apresados, pagaron un rescate de 80.000 marcos de oro de Valencia por su libertad. Un mes más tarde murió el rey Mundir, y su sucesor, Sulayman ibn Hud, reconoció su vasallaje al Cid.
Al año siguiente, mientras Alfonso hacía frente a nuevas incursiones almorávides, la reina Constanza procuró interceder entre su esposo y el Cid, y a punto estuvo de conseguirlo. En 1091 un nuevo malentendido durante la campaña de Granada dio lugar a una nueva ruptura. En mayo de 1092 se produjo, como consecuencia, un intento de apropiarse de Valencia por parte de Alfonso VI en coalición con Ramón Berenguer, Sancho Ramírez y la flota de Génova y Pisa. La venganza del Cid fue fulminante y arrasó las tierras de Calahorra y Nájera pertenecientes a García Ordóñez, incluso llegó hasta Logroño, sembrando el terror a su paso. La repercusión en el ánimo de Alfonso fue inmediata y escribió al Cid una carta perdonándole y reconociéndose culpable, al mismo tiempo que le restituía todos sus bienes y los libraba de todas sus cargas.

Toma de Valencia

En octubre de 1092 una revolución depuso y asesinó al rey de Valencia, Al-Qadir, y dio en la cárcel con el visir puesto por el Cid, Ibn al-Faray. El cabecilla, Ibn Yahhaf, se hizo con el poder y gobernó con el apoyo de los almorávides, que en reducido número habían conseguido penetrar en la ciudad. Ibn Yahhaf intentó crear un reino independiente del Cid y de los almorávides, pero se hallaba prácticamente cercado por uno y otros. La situación se deterioró hasta que, en julio de 1903, el cabecilla capituló con el Cid, pero Ibn Wayib, cabeza del partido almorávide, se hizo con el poder aprovechando la presencia de tropas amigas en Lorca. Rodrigo decidió poner sitio a la ciudad y en Rayosa logró rechazar a los almorávides, al mando de Abu Bakr, yerno de Yusuf. La hambruna ocasionada por el cerco obligó a los valencianos a restituir en el gobierno a Ibn Yahhaf y se iniciaron nuevas negociaciones para la rendición en enero de 1094. Como garantía de los nuevos pactos, Rodrigo exigió la prisión de Ibn Wayib y la entrega de un hijo de Ibn Yahhaf como rehén. El Cid ocupó la ciudad el 15 de junio de ese mismo año; más tarde, acusó a Ibn Yahhaf de perjuro y regicida, y lo condenó a muerte. El 1 de julio de 1095, Ibn Yahhaf fue enterrado hasta el pecho y quemado vivo. Ese mismo año, algunos disturbios ocasionados por musulmanes dieron pie al Cid para entrar en Valencia, fijar su residencia en el alcázar, disponer de la mezquita y ponerla bajo la advocación de Santa María. En un acto de afirmación de su autoridad, nombró obispo al clérigo Jerónimo Perigord sin la anuencia real, aunque luego fue confirmado por el papa Urbano II.

El cid combate a los almorávides

Mientras tanto, los almorávides, que habían destronado a la mayoría de los reyes de taifas, avanzaban peligrosamente hacia el norte. El Cid, con la ayuda del rey Pedro I de Aragón, los derrotó en la batalla de Bairén, en enero de 1097. Meses más tarde, mientras el Cid reforzaba el castillo de Peña Cadiella y ocupaba los reductos de Almenara y Murviedro, Alfonso era vencido en Consuegra. En el curso de esta batalla, que tuvo lugar en agosto, murió combatiendo al lado del rey el único hijo varón del Cid, Diego.
Durante el sitio de Murviedro, el nuevo conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, que había desplazado a su tío al comprobarse su participación en el asesinato de su hermano, había sitiado el castillo de Oropesa. Pero el joven conde se retiró al pactar con el Cid su boda con María, una de las hijas del caballero castellano. Al parecer, por las mismas fechas también se negoció el matrimonio de la otra hija del Cid, Cristina, con Ramiro de Navarra.

Muerte del cid

La intensa actividad guerrera de Rodrigo Díaz y una grave enfermedad padecida años antes, en Daroca, habían minado ostensiblemente sus fuerzas al punto de que meses después de la rendición de Valencia todos apreciaban su deterioro físico. Poco menos de un año después de la toma de Murviedro, el 10 de julio de 1099, el Cid murió. Según se cuenta, sus más próximos seguidores se rasgaban las vestiduras, mesaban sus cabellos y se golpeaban el pecho, mientras las mujeres arañaban sus mejillas y se cubrían la frente de ceniza. Pero Valencia no caería en poder de los almorávides inmediatamente. Jimena, su viuda, se hizo cargo del gobierno de la ciudad y en ella resistió el embate de los musulmanes durante tres años. A fines de agosto de 1101, el general almorávide Mazdalí atacó Valencia y la cercó durante seis meses, al cabo de los cuales Jimena solicitó auxilio a Alfonso VI, quien acudió en persona al frente de un ejército. Entre el 1 y el 4 de mayo de 1102, el monarca cristiano y la viuda de Rodrigo abandonaron Valencia al dominio moro.

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Estatua del Cid Campeador
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