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Reinado de Carlos II

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Al cumplir catorce años, el 6 de noviembre de 1675, el rey Carlos II alcanzaba la mayoría de edad. La reina regente consiguió prorrogar el mandato de Valenzuela ( valido de la reina regente doña Mariana de Austria), quien obtuvo más cargos palaciegos así como la grandeza de España. Sin embargo, apoyándose en el descontento de la nobleza y en el pueblo, una vez elaborada una acertada propaganda de sermones y pasquines, don Juan José de Austria, hermano del Rey Carlos II, repetiría la acción de 1669 y tras reunir un ejército de unos 15.000 hombres entraba en Madrid. Se producía la denominada revuelta de los grandes o primer pronunciamiento de la época moderna (diciembre de 1676). El Consejo de Estado sancionaba el golpe de Estado y le otorgaba el poder efectivo (enero de 1677). Valenzuela era desterrado a Filipinas y se recluía a la reina Mariana de Austria en el Alcázar de Toledo. El 19 de noviembre de 1679 se verificó cerca de Burgos, el primer matrimonio de Carlos II (con 18 años) con María Luisa de Orleans (de 17 años), que era hija de Felipe (duque de Anjou) y sobrina de Luis XIV.

Gobierno de Don Juan José de Austria

juan jose de austria
Juan José de Austria
Don Juan José de Austria llegó al poder con la aureola de héroe salvador, de príncipe que iba a remediar la decadencia de España, sin embargo, su gobierno coincidió con uno de los momentos más críticos de la evolución económica española y de la situación política internacional. El programa reformista no se hizo esperar y contó con diversas medidas contra la corrupción administrativa, mientras se creaba una Junta de Comercio, Moneda y Minas (1679). Sin embargo el mandato del hijo bastardo de Felipe IV se vio inmerso en circunstancias muy negativas para cualquier intento profundo de cambiar la situación general del país, tales como: las malas cosechas (1677, 1678 y 1679) que agravaron la crisis de aquellos años; el azote de la peste desde Cartagena (1676); y la suspensión parcial de pagos (1678), que impidió cumplir con la promesa de aliviar a sus vasallos de los tributos. El privado ni pudo hacer frente desde Cartagena (1676); y la suspensión parcial de pagos (1678), que impidió cumplir con la promesa de aliviar a sus vasallos de los tributos. El privado ni pudo hacer frente a la creciente carestía de vida, ni llevó a cabo reformas que hicieran más equitativa la distribución de las cargas fiscales, lo que le hubiera obligado a desafiar los intereses de la aristocracia, el grupo social que le había apoyado para acceder al poder. En política exterior, se alcanzó la paz de Nimega (1678), cerrando con ello un conflicto iniciado por Francia que le acarrearía una disminución de popularidad en ámbitos próximos a la milicia. Su gobierno fue una reacción, apelando a la fuerza latente del pueblo y al apoyo de la periferia, contra la corrupción y la bajeza a la que había llegado la Corte española.

Gobierno del Duque de Medinaceli

Don Juan Tomas de la Cerda
Don Juan Tomás de la Cerda
Tras la muerte del hermanastro de Carlos II se suceden en el poder hombres que no son el resultado de un valimiento, sino del consenso de las distintas fuerzas políticas que estaban representadas en la corte madrileña. En torno al rey se agrupaba un partido encabezado por Don Juan Tomás de la Cerda, octavo duque de Medinaceli, presidente del Consejo de Indias y desde 1680, primer ministro. En el interior, se debe a él la aplicación de alguna de las reformas planeadas por don Juan, prestando especial atención al comercio con América y a la protección de la industria textil. En 1680 también se celebró en Madrid un famoso auto de fe -recogido al detalle por el pintor Francisco Rizzi- que atestigua una vez más la manifestación pública de la fe católica.
En el terreno monetario y financiero, el duque de Medinaceli llevó a cabo la reforma monetaria de 1680, con negativas repercusiones sobre la economía. También promovió, a finales de 1682, una reforma en la administración de las alcabalas, unos por ciento y servicio de millones. En el exterior, los desastres de la guerra con Francia, terminada con la Paz de Basilea (1684), aumentaron el malestar general, viéndose envuelto Medinaceli en una serie de intrigas palaciegas que intentaron derribarle. Conocedor de su falta de apoyo, pidió y obtuvo licencia para abandonar el gobierno, retirándose a Guadalajara en junio de 1685.

Gobierno de Don Manuel Joaquín Álvarez de Toledo y Portugal, Conde de Oropesa

Le sustituiría en el cargo Don Manuel Joaquín Álvarez de Toledo y Portugal, conde de Oropesa, quien desde junio de 1684 ya compartía el poder con Medinaceli. Durante su gobierno, se puso en marcha un proceso de reforma fiscal, administrativa y eclesiástica, tomando ejemplos de la administración francesa. También se intentaron aplicar medidas para recuperar la industria. Con todo, una serie de escándalos en el Gobierno, la hostilidad de una parte de la nobleza, así como de la segunda mujer del monarca, Mariana de Neoburgo le obligarían a retirarse el 24 de junio de 1691. Había intentado detener la decadencia y el desorden financiero de España, sin lograr la ansiada recuperación económica.
La situación financiera durante la década 1690-1700 fue muy delicada. A los gastos de los funerales de la reina María Luisa, la boda de Carlos II con Mariana de Neoburgo y la escasa plata aportada por las flotas americanas, se añadió la guerra de los Nueve Años que exigiría nuevos desembolsos. El conde de Oropesa, de tendencia austracista, regresaría denuevo a la corte en 1698 como Presidente del Consejo de Castilla. En la primavera del año 1699, un motín de subsistencias en Madrid (el motín de los Gatos) sería la excusa para que los enemigos del Conde impusieran su destitución y amenazaran con nuevos tumultos si éste volvía al poder o se tomaban medidas inspiradas en él.

Reinado de Carlos II

Durante el reinado de Carlos II se asiste a un desarrollo del poder político de los reinos y de las oligarquías locales, sirviendo este momento histórico para acuñar el término de neoforalismo, es decir, de intervencionismo de los reinos periféricos con respecto al poder central. Durante las últimas décadas, se ha sometido el concepto de neoforalismo a un proceso de revisión, prestándose cierta atención a las relaciones de cooperación entre la Corona y los reinos, pero, sobre todo, a los movimientos de rebelión política y social que se produjeron durante el reinado de Carlos II. Unas realidades que pusieron en relación a los distintos territorios (Aragón, Cataluña, Valencia, Sicilia y Cerdeña) con el gobierno central, a través de las sistemáticas reuniones de Cortes, para abordar problemas de seguridad, fiscalidad e inestabilidad político-social.
Más complicada resultó la rebelión de la ciudad italiana de Messina (1674-1678), capital de Sicilia. La difícil situación económica, así como el favor otorgado por la Monarquía y sus virreyes a la aristocracia siciliana, vinculada a Palermo, terminaron por erosionar las bases de la fidelidad de Messina. El intento de recorte de privilegios locales condujo a un lento proceso de degradación que finalmente originó la abierta rebelión de la aristocracia de la ciudad contra la administración virreinal en 1674, gracias al apoyo de la armada francesa. Hasta la firma de una paz general, como la concertada en Nimega (1678), no se restableció el anterior orden de cosas y se inició la retirada de los aliados franceses, establecidos en varias ciudades y fortificaciones de la costa siciliana. Por último, en Cerdeña el marqués de Camarasa, virrey del reino, se enfrentó a la facción más independiente del Parlamento, que defendía la reserva de cargos públicos para la nobleza sarda y la limitación de la burocracia real. La restauración de la autoridad real fue más rápida que en Sicilia pero también estuvo mediatizada por una serie de asesinatos -entre ellos el del mismo virrey-, ejecuciones y destierros.

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Carlos II “El Hechizado”
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